Moderador: Nina

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Escrito por Krynn » 21 Jul 2016, 16:18
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Khüchtei y el Orchlon
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El universo basa su existencia en el Orchlon, la energía que circula en él. En un principio el Orchlon se encontraba disipado por todo el universo, creando y destruyendo cualquier formación creada a partir de la misma energía. Es por ello que en aquel entonces no había vida en el universo o al menos no como se entiende en Safirya.

A partir de las confluencias del Orchlon se originaban explosiones por doquier, creando ondas expansivas que provocaban mayores explosiones, las cuales acababan deteniéndose con el paso de los milenios. Pero una de estas explosión de gran magnitud origino al primer ser vivo que habitaría el universo.

Desde el nacimiento de esta criatura, el Orchlon empezó a fluir hacía él, tratando de erradicarlo pues aquella energía lo entendía como un ser extraño el cual debía ser destruido. Durante siglos el cuerpo de aquel ser vivo fue sometido a un dolor inexplicable, el cual no le destruía sino que aumentaba día a día su poder y tamaño. De alguna forma absorbía el Orchlon hacía su interior.

Cuando la criatura tuvo conciencia de lo que le rodeaba, pudo entender qué era esa energía y que efectos le provocaba. Ya casi inmune al Orchlon, el ser decidió utilizar su fuerza para atraer más de esa energía, abasteciéndose así de todo el que había en el universo.

Tras esto el cuerpo del ser empezó a transformarse y se convirtió en un cuerpo celeste, el cual irradiaba una luz blanca tan potente que iluminaba todo el universo. Había obtenido el poder de la creación y la destrucción gracias al mismo Orchlon y fue entonces, cuando decidió dejar de estar solo y repartir su poder.

Khüchtei se haría llamar y a partir de su poder crearía seres con sus mismas características, los cuales habitarían el universo y se convertirían en sus hijos. Cada vez que un nuevo ser era creado, Khüchtei le otorgaba parte de su Orchlon, obteniendo este ciertas capacidades especiales.

Por un lado se encuentran los Süns Bolgokh, seres dotados del poder de la creación, los cuales amarán y protegerán a todas sus creaciones. Su principal misión asignada por Khüchtei era la de repletar el universo de planetas y seres vivos.

En un segundo lugar están los Süns Ustgakh los cuales disponen del poder de la destrucción y no sentirán reparos en usarla para aniquilar cualquier creación. Su principal misión asignada fue el de acabar con cualquier amenaza, pues a veces los Süns Bolgokh son un poco “despreocupados” con sus creaciones.

Por último nos encontramos a los Ömchiin, los únicos seres capaces de comunicarse directamente con Khüchtei, ya que los Süns solo podrán cuando el creador lo desee. Los Ömchiin son los ojos, los oídos y la voz de Khüchtei en todo el universo. Su misión es transmitirle cualquier problema que ocurra en el Orchlon e incluso cualquier traición realizada al equilibrio de la creación y destrucción. De esta forma Khüchtei podrá comunicarse con los Süns para que solucionen el problema.
Última edición por Nina el 21 Jul 2016, 18:59, editado 1 vez en total.

Turno #2
Escrito por Krynn » 21 Jul 2016, 16:24
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La Decisión de Ther y Ren
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No es habitual, pero a veces Khüchtei otorga más poder a algunas de sus creaciones, originando un hibrido entre Bolgokh y Ustgakh, siendo un ser capaz de originar creación y destrucción a la par. Pero aún es menos habitual que de un proceso de creación, se originen dos seres al mismo tiempo.

Ther y Ren son hasta el momento los únicos seres híbridos que nacieron del mismo proceso de creación, es por ello que los dos disponen de un alto poder pero a su vez comparten un mismo destino, pues su existencia esta basada en el otro y por tanto las consecuencias de uno no serán ajenas a ninguno de los dos.

Khüchtei no mostró favoritismo alguno sobre estos seres aún disponiendo de esa enorme singularidad, así que simplemente los dejo libres para que realizasen una de las dos misiones, tal y como hacía con el resto de sus hijos. En aquel momento Ther y Ren no sabían cual era su cometido, si crear o destruir, pero al menos no estaban solos, se tenían él uno al otro.

Durante milenios los dos astros surcaron el universo, entrando en contacto con otros seres, entendiendo poco a poco más sobre su existencia. Pero no fue hasta el momento en que conocieron a Kyoren en que entenderían su verdadero deber. Kyoren era un hibrido como ellos, es más, era considerado por el resto como una entidad superior y no se equivocaban, Kyoren es uno de las creaciones de Khüchtei con mayor cantidad de Orchlon y por tanto con un poder superior.

Kyoren les explico a Ther y Ren que podían optar por una de las misiones que Khüchtei otorgaba a sus creaciones, tanto podían repletar el universo de vida como convertirse en los guardianes de este, acabando con los peligrosos que se creasen. Por su parte Kyoren había decidido acatar con el trabajo de la destrucción, pero optó por tomarse un descanso al encontrarse con los dos jóvenes astros.

Les enseño a crear y a destruir, a entender el universo y por último todo lo que conocía sobre el Orchlon y Khüchtei. Kyoren reconocía que los dos seres disponían de un poder inferior al suyo por separado, pero juntos le superarían fácilmente, así que prefirió enseñarles todo lo que pudo para que no acabasen por el mal camino o creasen algo mayor que ellos. Cuando Kyoren decidió volver a su misión, Ther y Ren tuvieron que tomar una decisión que les perseguiría el resto de su existencia. ¿Creación o destrucción?

Turno #3
Escrito por Krynn » 23 Jul 2016, 01:01
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Los hacedores
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Ther y Ren no tuvieron duda alguna de cual iba a ser su elección. Habían estado vagando por el universo durante tanto tiempo solos que de alguna manera necesitaban sentirse rodeados, unidos a otros seres e incluso amados. Es por ello que Ther y Ren crearon el primer planeta que protegerían, Safirya.

Decidieron que no todo estaría hecho por ellos, querían crear vida pero también querían libertad y variedad algo que no conseguirían si todo lo hacían tal y como ellos gustaban, por ese motivo, crearon al primer forjador de mundos: Ialoth. Un gigante de grandes proporciones capaz de crear vida para desarrollar su labor: convertir Safirya en un mundo habitable para las futuras razas. Ialoth era un ser inmortal encerrado en un cuerpo mortal, durante sus largos años de trabajo debía crearse nuevos contenedores donde resguardar su alma y, aunque no entendía por qué Ther y Ren le habían condenado a un cuerpo mortal acataba su misión pues a pesar de todo era un ser leal a sus creadores.

Los primeros años los vivió solo en el mundo viajando por todo el planeta para conocer cada rincón de su desértica superficie. Era un mundo muerto sin capacidad para albergar vida pero, en cambio, el estaba allí caminando por el putrefacto suelo de Safirya así que decidió condenar a sus hijos al mismo destino que él. Crearía a los hacedores que darían forma a Safirya pero sus cuerpos serían mortales tal y como lo era el suyo, sus cuerpos se descompondrían con el tiempo hasta que tuvieran la necesidad de crearse uno nuevo. Así fue como se crearon a los 4 hacedores: Yiloth hacedor de bosques, Daonath hacedor de montañas, Lengtha hacedora de océanos y Zaar hacedor de vientos.


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Yiloth el hacedor de bosques se encargaría de formar grandes cantidades de vegetación, bosques, selvas, junglas, flores y cualquier efecto que estas pudieran tener sobre cualquier otra futura raza. Aunque su trabajo no era solo el de formar zonas verdes sino también el de asegurarse que la mayoría de estas zonas iban a ser habitables. Yiloth trabajo día y noche durante siglos para asegurarse de que sus creaciones no eran demasiado agresivas con otros seres y es por ello que no solo crearía vegetación también se tomaría la libertad de dar forma a las criaturas de los bosques que hoy en día se conocen. La idea o la pretensión de Yiloth era crear un lugar habitable no solo por la vegetación sino que para las criaturas fuera fácil vivir en armonía y así lo consiguió pues ninguna de ellas deseaba terminar con la vida de otras.

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Daonath el forjador de montañas debía encargarse de formar las rocas y minerales que en un futuro reabastecerían a las razas venideras. Era su labor la de asegurarse que estos futuros seres inteligentes podrían ser capaces de crear sus propias estructuras con la suficiente resistencia como para sentirse seguros en su interior y así resguardarse de los peligros que acechan cuando Ther y Ren descansaban. Así pues creó grandes montañas repletas de roca y extraños minerales que resultarían un gran reto descubrir sus efectos. Daonath había sido creado con una personalidad juguetona y quizás poco responsable pero así lo había querido su padre pues de esta personalidad nacería la variedad creando no solo montañas como se le había encomendado sino también volcanes. Igual que su primer hermano, Daonath creó vida para que las razas futuras tuvieran que sortear más de un reto si querían encontrar sus tesoros, no sería suficiente con tan solo ir allí y cavar un poco en la roca, deberían sobrevivir también a los peligros y solo quienes lo merecieran conseguirían extraer sus minerales así pues, a diferencia de Yiloth, el hacedor de montañas dió vida a unas criaturas más hostiles y capaces no solo de defenderse sino también de atacar, criaturas territoriales y que no dudarían en expulsar a cualquiera que osará pisar sus tierras.

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Lengtha la hacedora de oceanos tenía una de las misiones más importantes pues de su creación dependería la vida de todas las criaturas de Safirya. Sería su trabajo el que hidrataría a los cientos de miles de especies que habitarían la superficie, así fue como Lengtha la más orgullosa de los hacedores comenzó a formar grandes océanos capaces no solo de mantener la vida sino también de formarla y así lo demostró dando vida a las criaturas acuáticas que hoy en día se conocen, criaturas en su mayoría pacificas pero que debido a su morfología les era imposible salir a la superficie a alimentarse de la vegetación o las rocas como lo hacían las otras criaturas y el agua aunque era importante para la vida de todos los seres no era suficiente pues no calmaba el hambre.

La hacedora de océanos se vería obligada crear una solida estructura piramidal de supervivencia. El ser más grande se comería al más pequeño pero al mismo tiempo Lengtha mantenía el equilibrio, una criatura colosal no atacaría criaturas minúsculas pues no saciarían su hambre.


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El último de los hermanos, Zaar el hacedor de vientos era el más importante pues sin él, la vida era imposible en Safirya. Zaar era el más leal a su creador y quería mantener los ideales de Ther y Ren a toda costa, por ello, formo los vientos y creó las nubes. Los océanos serían cambiantes al evaporarse para formar las nubes y se reabastecerían una vez las nubes estuvieran cargadas de aguan volviéndose líquida y cayendo en forma de lluvia a la superficie de Safirya, esta minúscula obra haría crecer nueva vegetación por todo el mundo expandiendo a su vez el trabajo de su hermano Yiloth, las montañas y rocas se verían deformadas y cambiantes a causa de los fuertes vientos que se formaban a más altura hubiera.

Zaar había hecho no solo su trabajo sino también el que Ther y Ren habían querido, un proyecto cambiante y que no se viera estancado en las ideas de un único ser. La obra de Zaar había sido que el resto de obras fueran variantes y no estáticas. Cuando llegó el momento de crear a sus criaturas decidió que estas serían las vigilantes de la tierra y las que se ocuparían de que los vientos y las nubes continuaran haciendo su trabajo hasta el final de los tiempos.


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Cuando las obras de los hacedores concluyó, Yiloth, tal y como hizo cuando fue creado, recorrió cada rincón de la nueva Safirya con tal de descubrir y conocer todos los rincones del planeta. Hubieron pasado 200 años hasta que su viaje terminó y lejos de estar contento con el resultado vió como cada uno de los trabajos estaban claramente delimitados y distinguidos. No había variedad en el planeta sino regiones donde cada hacedor había hecho su trabajo a pesar del esfuerzo de Zaar por añadir el cambio constante en Safirya, incluso él tenía su región delimitada con claridad.

Yiloth, en su último intento por cumplir el trabajo de Ther y Ren, dio vida a un nuevo hacedor: Nargoth. Aunque sus hermanos lo consideraban el destructor de mundos y no un hacedor, aceptaron su trabajo pues el forjador de mundos se lo había encomendado. Nargoth tenía que modificar la obra de los hacedores y acabar con esas lineas invisibles que se habían dibujado durante el trabajo de cada uno de ellos, así fue como el destructor de mundos lejos de pretender destruir, removió la tierra en su interior. Los minerales se habían repartido por todo el mundo, trozos de océano habían caído en puntos no específicos del mundo creando lagos, los bosques se habían expandido y algunos mezclado con pequeños lagos formando los pantanos. Algunas de las altas montañas habían caído por el movimiento de la tierra quedando en montículos de dura tierra mientras que otras se habían desprendido por completo dando vida a los cálidos desiertos.

Nargoth no había destruido las obras de sus hermanos sino que las había unificado.

Turno #4
Escrito por Krynn » 24 Jul 2016, 15:46
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Las Razas Primigenias
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Desde el paso de los Hacedores, el tiempo pasaba y los creadores no sentían ninguna respuesta de los seres que habitaban el mundo y no era de extrañar, pues ninguno disponía de la suficiente inteligencia como para pensar más allá de su supervivencia. Es por ello que Ther y Ren diseñaron un plan, crear a los seres perfectos que habitasen su mundo perfecto. De esta manera crearon a las razas primigenias, las cuales solo serían una herramienta de los dioses para crear a esos seres perfectos.

Un total de cinco criaturas habitarían el mundo de Safirya, las cuales a ojos de los dioses eran imperfectas pero útiles para las razas venideras. Los Unutumus, los Eski, los Gorunum, los Ymir y los Kur’tarias. Cada uno tendría una misión en específico y cada uno dispondría de las herramientas para completarla, tras haber acabado con las misiones, darían la suficiente información para crear a los seres perfectos.


Los Unutumus

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Más conocidos como los OIvidados eran unos seres de aspecto humano. Principalmente se diferenciaban por sus dos grandes alas que salían de la parte inferior de su espalda, destacadas gracias a sus tonos marrones y negros respecto a su piel blanquecina. Pero no solo eso, a partir de sus antebrazos empezaban a formarse unas alas secundarias y que terminaban en sus dedos. Por último su cabello era una especie de fusión entre pelo y plumas de gran tamaño.

La función de los olvidados fue complicada y es que tuvieron que detallar las leyes que los dioses Ther y Ren exigían a las razas futuras que fueran a pisar el mundo de Safirya. Entre ellas se encontraban la no agresión a la naturaleza, la adoración a los dioses y la imposibilidad de negar la existencia de alguno de ellos, y aunque gran parte de sus leyes se han mantenido en el tiempo, otras desaparecieron o fueron “olvidadas”, como era la no agresión entre razas inteligentes y la procreación en mestizaje por la búsqueda de una raza superior.


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Los Eski

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Conocidos en el presente como los Antiguos, estos seres fueron en el pasado las criaturas más poderosas que jamás pisaron Safirya, a excepción de los mismísimos Ther y Ren. Su físico se diferenciaba por unos tonos pálidos en la piel, un total de seis ojos en la cara y hasta la posibilidad de tener cuatro brazos. Eran unos seres que poco se parecían a las razas venideras.

Su misión era estudiar la magia, entenderla y encontrar los limites de esta. Fue por ello que los Eski obtuvieron parte del Orchlon de los creadores, convirtiéndolo en mágia, la cual sería utilizada por las razas del futura para que pudieran disfrutar de una vida más tranquila.


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Los Ymir

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Gigantes de hielo que han pisado las tierras de Safirya desde hace milenios. Su cuerpo es inmortal y por ello es imposible matar a un Ymir aunque sea atacado por diferentes agresiones, únicamente la utilización de Orchlon podría destruir a un Ymir. Estos seres poseen a su vez una gran fuerza y una enorme inteligencia.

Su misión era la de explorar el mundo de Safirya, pues Ther y Ren habían dejado que el planeta siguiera su curso durante demasiado tiempo. Es por ello que podrían existir peligros o zonas que ni ellos conociesen y los Ymir deberían encontrarlos desde las alturas.


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Los Kur’tarias

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Los Kur’tarias son unas criaturas que varian en exceso su aspecto físico, pues cada uno estaba especilizado para según que situaciones. Ther y Ren tomaron como referencia todas las especies de peces y seres acuáticos, creando así a los Kur’tarias, seres hechos para sobrevivir en cualquier parte del oceano e incluso con la capacidad de vivir en tierra firme.

Su misión era la de explorar el mundo de Safirya bajo las aguas, en especial los amplios océanos de este planeta y encontrar cualquier peligro. De la misma manera que los Ymir, los Kur’tarias eran inmortales con el único motivo de sobrevivir a cualquier peligro y poder explicarlo.


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Los Gorunum

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Se trata de seres con un aspecto semejante al de un elfo, aunque poseen un color de cabello verdoso característico de su especie. Los gorunum eran inmortales al paso del tiempo y poseían un notable poder sobre la naturaleza, la cual parecía converger en sus propias venas.

Su misión era la de dar la bienvenida a las razas venideras y en especial construir las primeras ciudades, dónde estos residirían al llegar a Safirya. Por esta razón los Gorunum tenían un contacto directo con Ther y Ren a través de sus sacerdotes y aprendieron el llamado lenguaje Antiguo o lenguaje de los Dioses, ya que era el que usaban Ther y Ren para comunicarse.


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Turno #5
Escrito por Krynn » 24 Jul 2016, 15:47
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La ascensión de los Olvidados y el plan de los Antiguos
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Las razas primigenias continuaron con sus trabajos durante siglos e incluso podríamos decir que durante milenios. Los primeros en acabar su misión fueron los Unutumus, los cuales redactaron finalmente las leyes que todo ser debería aceptar para sentir la bendición de los creadores.

De esta manera los Olvidados aceptaron su destino y transformaron su cuerpo en una especie de serpientes con alas, su verdadera forma y con la que podían ascender hasta los cielos. Allí volverían a entrar en comunión con sus creadores y transmitirles su trabajo, para de esta forma poder empezar a crear a las razas venideras a partir de las leyes divinas.

Las razas primigenias que quedaban todavía en Safirya, tras la desaparición de todos los Unutumus, empezaron a sentir una sensación que jamás habían experimentado en toda su existencia. El miedo se hizo presente en todas ellas, ¿Qué había pasado con los Olvidados? Ellos sabían que habían nacido para cumplir las misiones, pero no deseaban dejar de existir para que otras razas pisasen su mundo.

Así fue como las cuatro razas empezaron a tomarse “un descanso”. Si su misión se alargaba, tardaría más tiempo la creación de las razas venideras y ellos podrían habitar Safirya todo el tiempo que deseasen, siempre y cuando nunca acabasen su misión. Pero el caso de los Gorunum fue aún más agónico que el resto, pues desde la marcha de los Olvidados estos no tuvieron ningún contacto con Ther y Ren y sintieron que tal vez los dioses se habían enfurecido con ellos.

Con los descansos tomados cada raza tomo un camino diferente. Los Ymir construyendo enormes tronos de hielo en el interior de las cavernas más grandes de Safirya, en los cuales descansarían temporalmente. Por otro lado los Kur’tarias crearían la primera ciudad bajo los Océanos, llamada Acedonis, la cual tendría como función el poder redactar todos los peligros hallados y a su vez reunir por fin a todos los Kur’tarias, los cuales habían vagado demasiado tiempo en solitario. Los Gorunum basaron todo su tiempo en tratar de encontrar la forma de comunicarse con Ther y Ren, dejando así su labor de construcción. Y por último los Eski deseosos por no extinguirse empezaron a estudiar la magia más poderosa, aquella que se basaba en el mismo Orchlon, y a urdir un plan para acabar con sus propios creadores.

Por tanto fue sencillo para los Antiguos pensar que si los creadores necesitaban que completasen sus misiones, es que debía ser importante para ellos, con lo cual si el resto de razas primigenias no acababan sus tareas, Ther y Ren serían más débiles. De esta manera fueron a visitar a las otras 3 razas, por un lado a los Ymir los consiguieron poner de su lado enseñándoles el poder de la creación, haciendo que fueran capaces de crear nuevos seres desde sus manos, algo que despertó de alguna forma una satisfacción enorme en ellos. De esta manera los Ymir prometieron no ascender nunca, pero aún así continuarían su misión.

Después de esto llego el turno de los Kur’tarias, los cuales se sintieron solos durante siglos bajo los Océanos, al no existir ninguna otra raza primigenia acuática. Fue entonces cuando los Antiguos crearon a las sirenas, las cuales acompañarían a los Kur’tarias, pero esto solamente fue una manzana envenenada, pues al ser los Kur’tarias seres inmortales eran incapaces de mantener relaciones reales con ellas, así que pidieron a los Antiguos que los despojarán de su inmortalidad a través de sus poderes y pudieran vivir tranquilos con las sirenas. Los Antiguos así lo realizaron y cuando los Kur’tarias perdieron su inmortalidad, también perdieron su capacidad de ascender a los cielos.

Por último fueron los Gorunum, los más sencillos para los Eski, ya que estos seres se encontraban dentro de una depresión existencial, ya que fueron los más afectados por el abandono de Ther y Ren. Los Antiguos mintieron a los líderes Gorunum, explicando que ellos habían tenido contacto con los dioses y que estos habían encontrado traidores dentro de cada raza primigenia. El castigo que debía sufrir cada raza era distinto y los Gorunum deberían encontrar entre ellos los seres con la sangre más pura, la descendencia directa de Ther y Ren.

Ni los propios Antiguos sospecharon lo que iba a ocurrir con los Gorunum, ya que pensaron que eso les iba a llevar a una etapa de búsqueda de lo imposible, pues todos nacieron de Ther y Ren, pero a diferencia de quedarse de brazos cruzados esperando encontrar al descendiente directo, los Gorunum en un estado de pánico generalizado se volvieron agresivos entre ellos, cada uno decía ser más puro que el otro y comenzaron una guerra de sangre y odio que duraría siglos.

Turno #6
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La guerra por Safirya
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Cuando las otras 3 razas fueron neutralizadas, los Eski pudieron concentrarse nuevamente en el estudio avanzado de la magia, convirtiendo aquella energía en un estado puro, el Orchlon, pudiendo llegar de esta manera a obtener el poder de la creación y la destrucción a gran escala. De esta manera, eran capaces de crear seres con un poder superior al suyo propio y que suponían ellos que serían capaces de enfrentarse a los dioses.

Así que idearon una trampa, hicieron ascender a dos Antiguos a los cielos, los cuales llevaban un hechizo en sus cuerpos, haciendo que murieran al llegar al cielo y creando un portal en sus cadáveres que uniera el mundo de Safirya con el plano de los dioses. Esta razón era porque solo los Antiguos eran capaces de ascender y sus creaciones podían, así consiguieron llevar su ejercito hasta el mismísimo hogar de los dioses, los cuales todavía se encontraban en proceso de crear a los primogénitos de las razas futuras.

La primera batalla en los cielos fue dolorosa para los dioses, pues muchos Olvidados que todavía residían en el cielo, fueron asesinados por las criaturas de los Antiguos en aquel ataque, pero por otro lado, esta batalla no duro demasiado. Ther y Ren eran demasiado poderosos y utilizando sus poderes acabaron con todo atisbo de los Eski en el cielo y cerraron el portal.

Los dioses habían demostrado estar por encima de los poderes de los Antiguos, pero estos al entrar en contacto con el cielo entendieron algunas limitaciones de su magia, las cuales entrenaron mientras esperaban la ofensiva de Ther y Ren sobre ellos por semejante traición. Aún así no serían los propios dioses quienes atacarían en Safirya, sino que decidieron llevar a otros.

Ther y Ren habían creado a ocho seres de increíble poder, y que en un futuro serían llamados como los primogénitos, estos seres tendrían una misión: Acabar con los Antiguos y liberar a Safirya de las aberraciones que habían creado. A su vez los Ther y Ren trataron de llamar a las otras razas primogénitas para que ayudasen con la aniquilación de los Eski, pero ninguna de ellas acudió a la llamada.

Cuando los primogénitos llegaron a Safirya se encontraron ante un mundo desolado: los bosques se estaban muriendo por los poderes que habían utilizado los Antiguos, los seres como los Gorunum se estaban matando entre ellos y los animales parecían estar tan hambrientos que se comían hasta sus propias crías. Sin ninguna duda, Safirya no se parecía en nada a lo que Ther y Ren crearon.

Los primogénitos se lamentaron de aquella situación pues desde su nacimiento vieron visiones de Safirya y para nada esto se acercaba a lo que ellos vieron. Aún así, esto solamente encendió más la llama de desear acabar con la misión. Así que atacaron todos juntos a las ciudades de los Antiguos, destruyendo una a una gracias a sus increíbles cualidades y en especial al gran trabajo en equipo que realizaban juntos. Aún así no se libraron de ser afectados varias veces por el poder de la destrucción de los Antiguos y desaparecer de Safirya, pero los primogénitos tenían la capacidad de resucitar una y otra vez para volver al campo de batalla, con lo cual era imposible para los Antiguos detenerlos.

Cuando atacaron la última y gran fortaleza de los Eski se encontraron con una sorpresa, no había nadie vivo, muchos Antiguos se hallaban muertos en el suelo, consumidos por su propia magia. Los primogénitos pensaron que los Antiguos se habían suicidado en la búsqueda de un poder capaz de destruir a los dioses y dieron por finalizada la masacre de esa raza.

Turno #7
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Las Bendiciones y los Castigos de Ther y Ren

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Después de la gran guerra sufrida en Safirya, los Antiguos que se rindieron y fueron capturados por los primogénitos, fueron castigados a desprenderse de su identidad, se les otorgo una nueva misión y se les quito su capacidad de libre albedrío. A día de hoy continúan existiendo, aunque ninguna raza sabe que los Jinn son realmente el último vestigio en la actualidad de los Antiguos y que su misión sea destruir sus fortalezas y a posterior custodiar esas zonas para que nadie construya nuevamente en ellas.

--- Saber más sobre los Jinn

Por otro lado, Ther y Ren castigaron a los Gorunum por las masacres que realizaron y los despojaron de su inmortalidad, además de contarles que habían sido utilizados por los Eski, lo cual daría paso a finalizar sus guerras internas. Finalmente la tierra de Safirya también fue nuevamente bendecida por el Orchlon de Ther y Ren y los bosques volvieron a nacer y el mundo vivió una segunda edad dorada de la naturaleza.

Tras esto, Ther y Ren les otorgo la capacidad a los primogénitos de convertirse en los primeros de cada una de sus razas, creadas a su imagen y semejanza. Estos descendientes deberían convertirse en los guardianes de Safirya y proteger el planeta de cualquier tipo de peligros. Aún así, les dio la opción de nacer en Safirya cuando ellos creyesen conveniente y por ello algunos decidieron esperar en los cielos.

Así fue como nació Jehazel el primer Ángel, Isinder el primer Elfo, Groth el primer Enano, Jetreth el primer Demonio, Khaina la primera Drow, Baital el primer vampiro que nacería siglos de años más tarde junto con Jackal y Uzziel quien daría forma a los Ángeles Caídos tras su exilio como Ángel. Todos ellos habían sido dotados con parte de los poderes de los creadores pues la intención de éstos era crear un mundo autosuficiente en el cual ellos no necesitaran actuar para nada y así lo consiguieron pues los primeros de cada raza fueron considerados Dioses y expandieron sus dones por toda Safirya ocultos a los ojos de sus hijos así como Ther y Ren habían decidido, los Dioses habían heredado la misma intención de ofrecer libre albedrío siendo conscientes que su poder podía someter a cualquier criatura de Safirya.

Así pasaron milenios de creación, antes del nacimiento de Baital y Jackal, pues la raza de la cual ellos nacerían debía encontrar su lugar en el mundo después de que sus creadores muriesen a manos de los primogénitos. Una raza sin capacidad de poderes mágicos y creada para ser los esclavos de los Eski, se alzo libre y decidió tomar Safirya como su hogar. Esta raza sería recordada con el nombre de los humanos.
Última edición por Nina el 06 Ago 2016, 18:15, editado 1 vez en total.

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La gran guerra
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Los humanos avanzaron rápido en comparación a las demás razas probablemente debido a que no les importaba dañar el entorno, destruir bosques para mejorar su calidad de vida o destruir terreno para adaptarlo a sus necesidades. Cien mil años de evolución fueron los necesarios para alertar al resto de especies y provocar su salida de entre las sombras pues, a pesar de que todos conocían la existencia de los Humanos, éstos no conocían la existencia de otras razas inteligentes pero pronto lo harían.

Los bosques escaseaban quedando tan solo uno de los más grandes al que los Humanos no entraban pues creían que estaba embrujado, cada vez que se adentraban para intentar talar árboles o conseguir alguna planta de la zona eran poseídos, o al menos eso creían ellos. Las montañas aunque seguían en pie, sus minas cada vez se derrumbaban con mayor facilidad y los cielos se impregnaban con el humo de las máquinas de la raza más irrespetuosa con la naturaleza.

Los elfos fueron los primeros en mover pieza, visitaron a los grandes reyes humanos para realizar tratados con la condición de restaurar los bosques y cuidar la natura pero éstos se reían de ellos. Qué harían si se negaban unos seres tan delgados y débiles físicamente, el reino humano los aplastaría y no creían que estuvieran en posición de tratar nada. Los siguientes fueron los Enanos, quienes realizaron la misma petición pero éstos querían que se dejaran de trabajar el suelo de las montañas pues estaban destruyéndolas. La risa fue la respuesta de los reyes. Qué harían unos seres dónde el más alto no superaba el metro cincuenta. Los últimos fueron los Ángeles quienes intentaron atacar a la fe humana y jugar con su idea de la existencia de un único Dios pero éstos hacía siglos que habían abandonado la religión. Safirya era su regalo y vivirían como quisieran pero fueron los Ángeles quienes alertaron a los humanos del peligro de próximas liberaciones raciales pues hasta ahora solo habían venido a mediar las razas más pacíficas pero no quisieron hacer caso, creían ciegamente en el poder y la fuerza que habían conseguido durante todos estos años y ninguna nueva raza les asustaría.

Así fue como nació el primer tratado entre las razas oscuras. Vampiros, Demonios, Drows y Ángeles Caídos hartos de la prepotencia de los humanos decidieron poner fin a la destrucción del planeta por la vía menos política. Pretendían esclavizarlos para que aprendieran a cuidar el lugar donde no solo ellos vivían pero como en toda batalla, la información volaba de boca en boca llegando a las razas contrarias quienes querían evitar una guerra y el sometimiento de una raza, fuera cual fuera. Estaban seguros de poder mediar con los humanos y aunque sabían que no podrían hacer lo mismo con las razas oscuras decidieron aliarse con los primeros para evitar que fueran sometidos y tratados como animales.

Aunque escépticos, se prepararon para la guerra contra razas que nunca habían visto y de las cuales desconocían puntos fuertes y débiles. Cuando la guerra explotó, muchos humanos se escondieron al ver las formas más terroríficas de sus enemigos y el gran grueso de la guerra se concentró en el lago Shirtan un lugar que para los Humanos era prácticamente sagrado y las razas oscuras lo sabían. Durante el combate, los hechiceros de más poder protegían a los guerreros y al mismo tiempo destruían tantos metros como les permitía su fuerza acabando con decenas de humanos en pocos movimientos.

Las razas oscuras iban ganando y los Humanos apunto de retirarse para reagruparse y planear nuevas estrategias pero como en toda guerra, existen situaciones incontrolables que en este caso supondría el final del combate. El exceso de magia y la cantidad de hechizos chocando entre sí provocó una sobrecarga elemental generando una explosión mágica de proporciones épicas generando una brecha conocida hoy en día como la grieta de Shirtan en recuerdo del antiguo lago que en la actualidad no es más que un agujero sin fondo visible donde nace la grieta que rodea el planeta. Hubo desconcierto durante varios minutos pues pocos sabían que había sucedido pero cuando todos se pusieron en pie no solo vieron un agujero de kilómetros frente a ellos también a cada humano participante en la guerra muerto. Los Humanos eran la única raza que había sido incapaz de controlar la magia a pesar de que algunos habían conseguido adquirir pequeñas habilidades mentales el rechazo de sus cuerpos hacia los elementos los había hecho intolerantes a la recepción de la magia siendo la explosión mortal para la raza y suponiendo con ello la extinción de los humanos.

Esta guerra no sólo destruyó una raza también el poco respeto entre las supervivientes pues las razas oscuras se sintieron traicionados por las razas naturales quienes se aliaron con los Humanos para combatirlos formando lo que hoy en día se conocen como las facciones Hei’an y Haske e iniciando al mismo tiempo una guerra fría que ninguno de los dos bandos habían anunciado abiertamente pero no tolerarían la presencia de uno en los territorios del otro.

La guerra fue bautizada como la gran guerra y pocos son quienes hablan sobre ella incluso en el presente, trescientos años después del evento pues a pesar de odio hacia los Humanos y la mejoría natural tras su extinción, la desaparición de una raza entera entristecía incluso a la raza más oscura.


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