Cuevas Hellebron

Las cuevas Hellebron son un tramado de pasadizos y grutas sinuosas que podrían confundir a cualquier no habite en ellas y es que a su vez es utilizada como mecanismo de defensa para la capital de los drows. Esta capital se dice que es la más grande de todas pues es conformada a partir de las primeras viviendas construidas en las ruinas de una ciudad humana y que son propiedad de las clases más bajas, hasta las halladas en la zona más profunda de la cueva y que es ocupada por las familias nobles.

Es por ello que esta capital ocupe un territorio basto aunque se encuentre formada por largos pasillos sin vivienda alguna, nombrados de igual manera como parte de la capital. Sobre las viviendas de los drows, suelen estar formadas por roca maciza y suelen pintarlas de negro para que sea menos visible la luz dentro de su ciudad.

Inicio del viaje. Rumbo a Tyraniek

Participantes
Ser'ha
Syhn: 22
Vida: 18
Odio: 30
Turno #1
Escrito por Yatsuha Imano » 08 Feb 2016, 14:15
Avatar de Usuario Ser'ha Krupka
100%
Hei'an
1
Personaje
0
¡Lleva 962 días sobreviviendo en Safirya!
Usuario
Personaje
Mochila
Registrado: 962

 

Había pasado por casa antes de marcharse. Se quitó la túnica holgada negra que casi siempre llevaba y la hizo un fardo junto a algunas provisiones, la amarró con algo de cáñamo, y la utilizó como improvisado portaequipaje. Sin la túnica puesta su figura se dejaba entrever en una ceñida polera negra con cuello de tortuga y unas calzas igual de ajustadas que le permitían una gran posibilidad de movimiento. Sobre las calzas llevaba una especie de falda corta, también negra, que no restringía para nada el movimiento de sus piernas, sino que más bien, le venía bien como prenda y le daba la oportunidad de guardarse algún arma -como si fuese cinturón- que con ropas tan ceñidas, no tendría donde esconder.

Sin dudas, Ser’ha no era ningún guerrero, pero quizás algo de protección de cuero le vendría bien en el futuro. Pero por ahora, se valía de una vieja daga de una hoja de unos treinta centímetros, con empuñadura de madera de diez, vaina de cuero, muy ligera, pero afilada, y aunque no era la mejor de las hojas, cumplía al menos su función.

Tomó un trozo de tela negra que amarraba a su cabeza como capucha, pero que puso ahora al cuello como bufanda. Le serviría para cubrirse del sol cuando el día llegara. También se preocupó de cerciorarse que su parche estuviera en orden. Antes de salir miró su ojo violeta una vez más frente a un espejo. No tenía muchas oportunidades de hacerlo, pero afuera, en el extranjero, probablemente a nadie le importaría que fuese el fruto de una “cruza de razas” como le gustaba llamar a los drow a quienes tenía un ojo impuro junto a uno puro.

Pero aún así sería arriesgado. Habría otros drow allá afuera y no quería que nadie reconociese ese ojo. Volvía a ponerse el parche, y nuevamente el único ojo que le quedaba a la vista, era ese negro y profundo ojo que le había heredado su madre. Para los nobles era una impura, pero aún así era mucho mejor que haber nacido hombre.

Salió de su casa a los pocos minutos de haber llegado, ya completamente preparada. Siendo pobre como era, no vivía muy lejos de la entrada a los túneles, por lo que no le tomó mucho tiempo salir de la ciudad. En la entrada, las guardias no le exigieron mucho. Las mujeres drow en general no tenían mucho problema para entrar o salir de la ciudad, por lo que fue un trámite que no tomó más que unos segundos. Ser’ha iniciaba el primer viaje que la sacaría de los confines de su país.

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